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"La mercantilización de los servicios públicos aumenta la exclusión y marginación de las mujeres"

07 Marzo 2016
Verónica Montúfar/Photo: Leo Hyde
Esta es la conclusión de Verónica Montúfar, la Coordinadora Mundial para Cuestiones de Género y Equidad de la ISP. "Cuando no existen servicios de salud, son las mujeres las que cuidan a los enfermos. Cuando no existen escuelas, son ellas las que proveen educación a sus hijos. En ausencia de servicios públicos, son las mujeres las que los suplantan."

Por Igor Ojeda

Debido a una construcción más bien histórica que natural, son las mujeres las proveedoras de los servicios esenciales a sus familias, explica la ecuatoriana Verónica Montúfar, coordinadora mundial para Cuestiones de Género y Equidad de la Internacional de Servicios Públicos (ISP). “Cuando no existe agua potable, son las mujeres quienes acarrean agua desde lugares lejanos. Cuando no existen servicios de salud, son ellas las que cuidan a los enfermos. Cuando no existen escuelas, son ellas las que proveen educación a sus hijos. Es decir, en ausencia de servicios públicos proveídos por los Estados, son las mujeres las que los suplantan”.

Por ello, la precariedad y/o mercantilización de los servicios públicos, ya sea por asociaciones público-privadas, ya sea por tratados comerciales, afectan especialmente a las mujeres, “ya que el tiempo y esfuerzo que dedican a estas tareas en función social de sus familias y comunidades les quita espacio para su auto-realización y autonomía”.

En esta entrevista por correo electrónico, Montúfar habla de cómo las mujeres son las más afectadas por la intensificación del trabajo y la jerarquización del proceso productivo causadas por la extrema desigualdad en la distribución de los frutos de la tercera revolución científico-técnica, y explica las especificidades de la cuestión de género en los servicios públicos y las dificultades que enfrentan las trabajadoras de este sector, entre otros asuntos.

“Es una tendencia la subvaloración social del trabajo de cuidado y reproducción de la vida. Como si las mujeres trajeran consigo el subvalor desde el espacio privado al espacio público.”

 

¿Cuáles son los principales retos que enfrentan hoy en día las mujeres en el mundo del trabajo?

Existen tensiones generales que afectan a mujeres y hombres trabajadores. El avance de las fuerzas productivas, cimentada en la tercera revolución científico-técnica, por primera vez pone a la humanidad en condición de ser sujeto de su propia historia, superar la escasez y construir una equidad e igualdad universal. Sin embargo, esta potencialidad es expropiada por la acumulación monopólica de los capitales transnacionales que actúan como Estados sin territorio, en alianza con los Estados nacionales y con los organismos multilaterales, y se transmuta en la tragedia de la desigualdad y la exclusión de individuos, comunidades, países y continentes que se convierten en desechables para la reproducción del capital, con nuevas formas de pobreza y violencia.

Así mismo, esta desorbitante capacidad de producir acompañada con la paradoja de la apropiación privada de la riqueza producida y la extremación de la desigualdad en la distribución, ha provocado profundas transformaciones en la organización del proceso productivo que ponen en mayor relieve la intensificación del trabajo y jerarquización de las relaciones laborales. Así mismo, han tenido como consecuencia la expulsión de grandes masas de trabajadores y trabajadoras fuera del trabajo formal y protegido, hacia modalidades más precarias y en el sector informal. El paso de la manufactura a la “mentefactura” ha tenido como consecuencia la incorporación del trabajador y trabajadora en el proceso de trabajo, con toda su capacidad no sólo física, sino intelectual y emocional.

No obstante, debido a las desventajas históricas de género estas condiciones afectan de manera desigual a las mujeres, quienes entraron a participar en las fuerzas productivas, como mano de obra barata, ocupando los espacios condicionados por la división sexual de trabajo y sin dejar de lado el trabajo de reproducción social que realizan en el ámbito privado. Este factor por ejemplo duplica su jornada laboral y no ha sido trasformado con los avances en las legislaciones, ni con el mayor desarrollo productivo. Las mujeres siguen siendo en su mayoría el sector laboral más afectado.

Por supuesto que en algunos países estas condiciones han cambiado, existen mujeres que ha logrado romper la segregación laboral de género, tanto en relación a incorporarse en ocupaciones dominantemente masculinas y posiciones de dirección, así como a redistribuir su trabajo reproductivo en el seno de la familia, pero siguen siendo una minoría y ellas solas no podrán cambiar las relaciones desiguales ni de género, ni de clase que existen en el mundo del trabajo y que componen estructuralmente la base de un sistema de dominación.

 

¿Cuáles son las especificidades de la cuestión de género en los servicios públicos y las dificultades que enfrentan las mujeres trabajadoras de este sector?

Siguiendo en la línea de la división sexual del trabajo, en la configuración de los servicios públicos existen sectores con predominancia de fuerza de trabajo masculina y otros con predominancia de fuerza de trabajo femenina. Los primeros vinculados a los sectores productivos del Estado y los segundos a los sectores de cuidado y reproducción de la vida. Esta es una tendencia en todos los países de mundo, así como también es una tendencia la subvaloración social del trabajo de cuidado y reproducción de la vida. Como si las mujeres trajeran consigo el subvalor desde el espacio privado al espacio público. El carácter de género de la fuerza de trabajo al interior de los servicios públicos no ha superado tampoco la segregación vertical, ya que los sectores en donde predominan las mujeres como trabajadoras también predominan en la base de la pirámide laboral, significando que además en estos casos la brecha remunerativa se duplica.

Paralelamente, los procesos de reforma del Estado, modernización y tecnificación de los servicios públicos han implicado también cambios en la organización del trabajo en el sector público, donde se han implementado con mucha velocidad modelos empresariales de producción que han intensificado los procesos en nombre de la eficiencia y jerarquizado las relaciones laborales.

Así mismo la falta de financiamiento a los servicios públicos tensiona las relaciones con la comunidad usuaria, lo que genera condiciones de violencia, no sólo externa sino interna. En los servicios de salud y cuidado, la labor implica poner en juego no sólo su capacidad física, sino también su subjetividad. A este fenómeno se lo ha denominado la feminización del trabajo, categoría que expresa que, independientemente de que sea un hombre o una mujer, ahora el proceso de trabajo necesita la implicación del ser humano de manera íntegra, entregando en él todas las capacidades psíquicas y emocionales necesarias para el cuidado de la vida y la reproducción humana; características que se reconocen como fundamentalmente femeninas. De esta manera, los servicios públicos cada vez con mayor fuerza requieren un “biotrabajo”, que actúa como nuevo proceso de explotación.

 

La ISP defiende que los servicios públicos esenciales deben quedar excluidos de las asociaciones público-privadas, la financiación mixta y los tratados comerciales, ya que tales iniciativas repercuten de forma más negativa sobre los derechos sociales de la mujer. ¿Por qué los derechos sociales de la mujer son los más afectados en estos casos?

La mercantilización de los servicios públicos profundiza la paradoja entre la abundancia y escasez. Más ahora cuando la acumulación capitalista ha ampliado su frontera hacia los servicios públicos y los bienes comunes de la humanidad. Ese fenómeno de continuar con la fuerza con la que se ha erigido en los últimos años implicará que grandes cantidades de seres humanos se vean excluidos del bienestar de la humanidad. Por la fundamental responsabilidad de las mujeres frente al cuidado de los hogares (situación no natural sino históricamente construida), son ellas las proveedoras de los servicios esenciales a sus familias. Cuando no existe agua potable, son las mujeres quienes acarrean agua desde lugares lejanos. Cuando no existen servicios de salud, son ellas las que cuidan a los enfermos, cuando no existen escuelas, son ellas las que proveen educación a sus hijos. Es decir, en ausencia de servicios públicos proveídos por los Estados, son las mujeres las que los suplantan. Esto determina el aumento del círculo de exclusión y marginación, ya que el tiempo y esfuerzo que dedican a estas tareas en función social de sus familias y comunidades les quita espacio para su auto-realización y autonomía. Por ello, entre los pobres las mujeres son las más pobres en todo el mundo.

Hay también otro ámbito que nos permite hacer una análisis de género en los servicios públicos, particularmente al momento de mirar cómo a través de ellos se cumple la realización política, económica, social y cultural de los seres humanos. Este ámbito refiere a cómo estos servicios están pensados, construidos, edificados. Por ejemplo, servicios públicos que no permiten el ejercicio de la salud sexual y reproductiva de las mujeres. Servicios públicos pensados desde ideologías autoritarias, conservadoras, excluyentes, que en lugar de potenciar, limitan a los seres humanos, situación en la que también las mujeres tienen una mayor afectación.

Hablando de salud sexual y reproductiva, es necesario pensar en servicios públicos con enfoque de género que posibiliten la integridad del cuerpo y la seguridad emocional de las mujeres, niñas y jóvenes. De igual manera, para lograr bajar la carga laboral del trabajo de reproducción social de la familia que está mayoritariamente en manos de las mujeres, son indispensables servicios públicos de cuidado de niños y ancianos. Así mismo, para lograr brindar seguridad corporal y de movimiento a las mujeres son necesarios servicios públicos de transporte, espacios públicos iluminados que permitan la movilidad y la ocupación segura de los espacios públicos. Servicios públicos universales de calidad y con enfoque de género son indispensables para la realización de la autonomía económica y política de las mujeres y de los sectores sociales más pobres.

 

¿Qué papel tienen los sindicatos en este contexto?

El rol de los sindicatos es transformar esta realidad, no obstante el hecho de que en el momento actual las políticas regresivas de derechos en el sector público han afectado el poder de los sindicatos, afectando a la vez su capacidad de negociación colectiva. Por ello, hoy es un momento de recuperar fuerza, más allá de las limitaciones jurídicas. Es momento de reconquistar espacios de cogestión en el mundo del trabajo y en la organización y planificación de los servicios públicos desde los niveles del gobierno central hasta los gobiernos locales. La cogestión es un espacio de cogobierno, que posibilita la incidencia de los trabajadores y trabajadoras organizados desde su lugar de trabajo hasta los espacios en donde se definen las políticas públicas en todos los niveles, llegando incluso a los niveles de la macro política mundial.

De igual manera, otro elemento de fuerza son las alianzas con otros sectores sociales en la defensa de los servicios públicos, en la propuesta de alternativas frente a la privatización; aquí es fundamental la articulación con el movimiento social y el movimiento de mujeres en resistencia y en lucha transformadora. La ISP, como sindicato global, está trabajando con un alto perfil e incidencia en esta dirección.

La tarea de despatriarcalizar las relaciones humanas y las estructuras implica un profundo proceso de cambio. Los sindicatos están sobredeterminados por estas condiciones sociales e históricas. Su transformación implicará un trabajo de hombres y mujeres…pues en esa tarea…estamos…caminamos…

 

Entre los días 14 y 24 de marzo se realizará la UNCSW60. ¿Qué espera la ISP del encuentro? ¿Qué elementos la organización llevará a la discusión? El tema prioritario de la UNCSW60 será “El empoderamiento de la mujer y su vínculo con el desarrollo sostenible”. ¿Cuáles son los caminos defendidos por la ISP acerca de este tema?

Nuestro trabajo como ISP al interior de la Comisión Jurídica de la Condición Social de la Mujer de las Naciones Unidas es junto a una fuerte coalición sindical compuesta por la CSI [Confederación Sindical Internacional], IE [Internacional de la Educación] e ITF [Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte]. Tenemos el interés de aumentar el nivel de legitimidad de los sindicatos como defensores de los derechos de las mujeres, tanto en el mundo del trabajo como en la sociedad, así como también elevar nuestra incidencia junto con el movimiento social de mujeres y ONGs con las que compartimos los mismos principios en las decisiones de los actores gubernamentales en la políticas por la igualdad y equidad de género a nivel global.

A través de una declaración conjunta hemos posicionado ya nuestra postura, que enfatiza que una de las principales razones por las que las mujeres se afilian a sindicatos es para hacerse cargo de su propio empoderamiento económico, a través de la organización y la negociación colectiva de unas condiciones laborales decentes. Setenta millones de mujeres están representadas por sindicatos en todo el mundo. De ahí que los sindicatos sean parte integrante y actores que garantizan el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí a 2030.

Así mismo, hemos manifestado que los servicios públicos esenciales, como el agua y saneamiento, la salud y la educación, deben ser excluidos de las asociaciones público-privadas, los acuerdos comerciales y financieros combinados y las iniciativas que más negativamente repercuten sobre los derechos sociales de las mujeres. Los modelos de justicia fiscal y tributación progresiva pueden servir de sólida base alternativa para las políticas públicas necesarias en favor de la igualdad de género.

Este año participarán alrededor de 180 representantes de una diversidad de sindicatos de todo el mundo y particularmente de América del Norte. La ISP contará con una delegación de 20 personas, procedentes de sus afiliadas de África, Asia, Europa e Interaméricas. Juneia Batista, presidenta del WOC [Comité Mundial de Mujeres de la ISP, por su sigla en inglés], va acreditada dentro de la delegación del gobierno de Brasil, lo que nos abre la oportunidad como movimiento sindical de participar en las reuniones oficiales y tener ahí también visibilidad e incidencia.

 

El 3 de marzo, la líder indígena de Honduras Berta Cáceres fue asesinada en su casa. Además de opositora al golpe del 2009 que derrocó a Manuel Zelaya, ella se oponía fuertemente a los tratados de libre comercio y a la acción de corporaciones transnacionales. ¿Qué piensas de su asesinato? ¿Crees qué se puede analizarlo también en el contexto de la violencia contra las mujeres?

Sí, para la ISP queda claro que Berta Cáceres es una víctima más de la voracidad del poder corporativo transnacional por la apropiación de los bienes comunes de la humanidad y del alarmante avance de los índices de feminicidio que intentan acallar a las mujeres en el espacio de lo público y de lo privado.

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